Tuesday, December 1

Linchamiento Pastrana



Suena (el epígrafe) como una de esas canciones protesta, de algún cantautor trasnochado y pasado de moda, ciudadano del mundo porque en su país está en busca y captura por rojo o comunista, o por todo lo contrario. Y, que en ocasiones, amén de sacarse para las habichuelas, clamaban verdades como puños, tan grandes como panes, como esas ostias como panes que, más de una vez, deberíamos repartirnos.


Todos somos culpables, o como se diría en el argot periodístico, que tan en boga está en estos días: todos somos “presuntamente” culpables.

Somos presuntamente culpables de imbuirnos en la masa, y la masa, se convierte en turba, en jauría, en una gran ola enfervorizada de personas que dejan de ser personas para convertirse en un solo y automático movimiento colectivo.

Es parte de nuestra naturaleza, agruparnos para recibir y para repartir.¡Cuán equivocado estaba Rousseau, al proclamar que el hombre es bueno por naturaleza!

No tenemos un ápice de bondad. La bondad representa la debilidad del hombre frente al hombre, y eso se convierte en un lujo que no nos queremos permitir. La bondad, la caridad, la solidaridad son artículos de alto diseño, rarezas de culto que pasan de boca en boca en las tertulias del café de la sobremesa, pero que no pasan de ahí.

También, existen verdaderos y distintos susurradores de masas, pero todos tienen un mismo nombre la mezquindad o el interés.

Mezquinos, como los medios de comunicación que se hacen eco de noticias sin contrastar. Mezquinos, como los que filtran información sin saber las repercusiones que sus palabras pueden tener.

Realmente es tan grave la falta como la abundancia de información.

Es como una adicción. Cuánta más dan, más queremos saber, aunque no la entendamos y aunque, en la gran mayoría de las veces esa información sea errónea o lleve a conclusiones erróneas.

Ya no nos conformamos con imaginar como es la muerte, sino que necesitamos verla en directo, y más tarde, para acallar nuestra conciencia individual nos volvemos a mezclar en la turba para solicitar justicia poética.

Mezquinos, también, somos nosotros, que dejamos apartado en el limbo nuestra razón, para tomar prestada la deformada razón colectiva.

Y qué mejor colofón, para acallar nuestras sucias conciencias que pedir a gritos un linchamiento sea éste, físico o moral. Sin duda, la mejor medicación para este cáncer que nos devora y que, al menos, hoy, no tiene cura.

Después, tranquilos, entonaremos un sutil “mea culpa”, y depuraremos responsabilidades, que en eso de depurar, o sea, señalar con el dedo o tirar la piedra y esconder la mano, nosotros somos doctores honoris causa.

7 comments:

carmensabes said...

Me gustas muchacho.

Mayte said...

Yo sigo pensando como Rousseau, es cierto que existe un desorden colectivo y una doble moral desbordada, muy propia no solo de estos tiempos sino de siempre.

Me gustan los débiles que enfrentan con una fortaleza total el día a día más cruel, aquellos que aún miran y se detienen ante lo injusto para hacer algo más que una charla, procuro hacer de mi palabra una acción.

Bikiño, desde otra tierra no menos mía.

Corso said...

El gusto es mío, señora Carmensabes.

Corso said...

Como le he comentado Señora mía, hay quien no se puede permitir el lujo de mostrar debilidades.

Mayte said...

Pues algunas si que se le resbalan a usted, si me permite.

Bikiño.

Corso said...

"Touché", doña Maite.

Mayte said...

También domina la esgrima, o solo en el arte de los palabros ?

Bikiño.

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